Blog personal de Salvador Pérez

Jubilación

Permitidme, que aunque brevemente, haga un poco de historia, de mi historia.

Yo, por mi experiencia,  no creo en la vocación, nunca sentí una llamada imperiosa por parte de la enseñanza, nunca sentí unos deseos irrefrenables de tener que dar clase, pero, sin embargo, sí creo en la profesionalidad de las personas y en que cuando la vida te lleva por derroteros inesperados, ante situaciones nuevas, las debes aceptar  y tratar de dar de ti lo mejor que puedas. Me explicaré: cuando me encontraba en Granada, estudiando geológicas, no me pasaba por la mente en absoluto dedicarme a la enseñanza, es más, si alguien me insinuaba que esta era una posible salida profesional, yo, casi me ofendía. Vamos, a un geólogo de Granada, de formación eminentemente práctica, decirle que se dedicara a la enseñanza, ¡que humillación!

De hecho, al terminar estuve trabajando en una compañía minera americana, que en la zona de Mojacar, Almería, buscaba cobre. Pero las cosas no siempre salen como uno en principio quiere, me habían suspendido las milicias universitarias (no debía tener mucho espíritu militar) y tuve que dejar la empresa y marchar a hacer la mili. Cuando me licenciaron, finales de los setenta, las empresas mineras ya no contrataban. Con la ayuda y colaboración de algunos compañeros y amigos tratamos de montar una empresa de hidrogeología, búsqueda y explotación de aguas subterráneas, pero recuerdo aquel invierno como uno de los más lluviosos en mucho tiempo (todo lo contrario que este último) y claro está, se busca agua en sequía, pero no cuando llueve a mares; resultado, no había quien nos contratara. Ante esa circunstancia y como lo que sí había eran ganas de trabajar, pues me encerré unos meses y a preparar oposiciones. Tenía la ayuda inestimable de mi mujer, ella bióloga, yo geólogo, tenía todas las ciencias naturales en casa ¡Que juergas de recién casados nos pasábamos! ¿Verdad Pepi?  “Oye niña que este problema de genética no lo termino de entender”. “Oye ¿la vinegreta era la Oxalis pes-caprae?” “Ven niña, siéntate,  a ver que te parece esta exposición”. Y así repetidamente.

Mi primera clase, con algo más de público, fue cuando expuse el tema en la oposición. Pero hubo suerte, salí y heme aquí que ya soy profesor. Algo que no había querido ser antes, pero que las circunstancias me llevaron a ello. Pero como indicaba al principio, aunque no creo en la vocación, sí creo que cuando estás en un lugar y tienes que realizar un trabajo, debes hacerlo lo mejor que sepas y puedas y a ello me apliqué. Y he aquí las cosas de la vida, aquella decisión tomada forzado por las circunstancias, me llevó a desarrollar una profesión que me ha producido múltiples satisfacciones. Por descontado, tras conocerla, en absoluto la hubiera cambiado por la de geólogo de empresa, que era mi aspiración primera.

Esta profesión me ha permitido ganarme la vida de una forma honrada y decente, me ha proporcionado la posibilidad de hacer grandes amistades y de que no se cumpliera en mi la maldición bíblica “ganaras el pan con el sudor de tu frente”, porque si por sudor entendemos penuria, desgana, obligación, ese no ha sido mi sentir a lo largo de estos años de profesión.

No voy a decir que durante todos estos años el trabajo fue siempre placentero y gratificante, aún recuerdo un grupo de tercero de ESO donde se habían concentrado críos especialmente problemáticos de muy bajo nivel académico y para los que me había pasado horas tratando de construir unas actividades adecuadas; cuando las reparto en clase, una de aquellas alumnas mira la hoja que le acabo de dar, la hace una bola y la tira por la ventana, a la vez que gritaba: “¡esto, esto yo no lo quiero pa na”! Evidentemente creo que la actividad construida no era la más adecuada para ella.

Pero afortunadamente, si a estos recuerdos les contrapongo los placenteros y gratificantes, la balanza se decanta de forma muy significativa por estos últimos. Y es que he tenido la enorme suerte de encontrar siempre alumnos interesados, motivadores, que me hicieron tomar iniciativas que ayudaron a construir lazos de enorme fuerza, algunos de ellos hoy aquí. De Coín, Fali, ¿recuerdas el campamento en los Quejigales, donde perdimos aquel martillo, el “Estwing”? O de Ciudad Jardín, Sonia, la “secre” del colectivo ecologista que tratamos de montar, o de Portada Alta, Rafa, hijo, ¿recuerdas “las travesías”? O los ALAS del Portada ¿verdad José Manuel?

Si es cierto que últimamente por algún tiempo creí estar perdiendo mi conexión con los alumnos y fue algo que me preocupó, lo que yo les ofrecía no les interesaba y aunque siempre hubo una minoría entusiasta, en alguna ocasión tuvimos que recurrir a unir 4 institutos para llenar un autobús y poder efectuar la actividad por un precio asequible ¿no es cierto, Rafael? Sin embargo, estos últimos años se cambiaron las tornas y he vuelto a ver ese vivo interés por las cosas que les ofrecía, he vuelto a encontrar alumnos muy motivadores  y no me resisto a contaros una anécdota con una alumna de este último periodo. Una alumna en medio de una excursión algo larga, con bastante nieve; ella cansada, hambrienta  y queriendo parar  a cada instante, pero no pudiendo dejarla porque se nos hacía tarde y el autobús primero y los padres después esperaban y en un momento de desesperación me dice casi gritando: “profe, ya no eres guay”, lo cual me hizo suponer que en algún momento anterior había sido guay para ella. Pero no creáis que la traumatice con las penurias que sufrió durante la excursión, porque los años siguientes ha sido la primera en volver a demandar la actividad y por supuesto la primera en apuntarse. Y es que a lo largo de todos estos años mis alumnos me han dado mucho, me han dado la oportunidad de gozar y disfrutar con mi profesión.

Y qué decir de los compañeros, siempre he estado rodeado por  compañeros trabajadores y cumplidores, siempre me he sentido querido y estimado, siempre encontré alguien que quisiera seguirme en lo que algunos podían considerar locuras, nunca encontré obstáculos, ni en los compañeros ni en las directivas para llevar adelante los planes y proyectos con los alumnos, a lo más, como nos ocurrió en Coín, nos llamaban, en lugar de seminario de Ciencias, “La Campera”. Aunque el dinero era escaso, siempre encontré el apoyo de los secretarios para tratar de sufragar la mayor parte posible de las actividades, y ¡qué decir de mi última etapa en Torre Atalaya! Me he sentido acogido y querido por todos vosotros desde que llegué.

Hoy día, con la perspectiva de los años, puedo decir que he tenido mucha suerte, porque he disfrutado de una gran profesión que además me ha permitido hacer grandes amigos y lograr el aprecio, que los alumnos hace unos días me demostraban y que mis compañeros, con vuestra presencia hoy aquí, me demostráis. Muchas gracias a todos.

Málaga a 23 de marzo de 2012

Alumnas ganadoras del Concurso de Ciencias

Oros, plata y bronce. Alumnas ganadoras del Concurso de Ciencias

 

1º BCT

Alumnos de 1º Bachillerato Ciencia y Tecnología IES Torre Atalaya. Marzo 2012

 

1º Bachillerato de Sociales y Humanidades. IES Torre Atalaya. 2011-2012
1º Bachillerato de Sociales y Humanidades. IES Torre Atalaya. 2011-2012

 

 

Alumnos del 2º de bachillerato de ciencias y tecnología del curso 2011-2012

Alumnos de 2º de bachillerato de ciencias y tecnología 2011-2012

Fiesta despedida

Dejar unan réplica